
Roberto Piazza, diseñador argentino , genio y maestro para algunos, publicó sus memorias y me he leído el libro completo en un día, es exquisitamente morboso, lleno de detalles escabrosos sobre el mundo de la moda, como se inicio, con quién se conectó, como llego a ser lo que es ahora. Descuera a grandes intocables argentinas como Mirtha Legrand, Susana Gimenez, Moria Casan , sus más cercanas clientas y hace un muy buen análisis acerca de lo que es la moda hoy en día en comparación a lo que era antes en el país trasandino.
Sin lugar a dudas un libro polémico y entretenido de esos que se extrañan donde la sinceridad te deja boca abierto.
Transcribí para ustedes el capitulo que mas me llamó la atención titulado:
La Prostitución en la Moda.
“De esto se habla poco y existe mas de lo que en general se piensa. La competencia por llegar a la cima, ser una modelo conocida, entrar al mundo de la moda y peor, de la televisión, es origen de prostitución, abierta o velada. En los desfiles de verano o en aquellos con pasarelas repletas de nenas lolitas conocidas y de grandes manequens de alta moda, se negocian grandes precios por una hora, una noche o un fin de semana.
También están las chicas que se casan solo por la guita, se entregan a algún viejo de la tercera edad forrado en plata para que las mantenga o las haga entrar en el circuito de la moda. Después las vemos en alguna revista social de gran tiraje con cara de melancolía mirando Bueno Aires desde el piso veinte. De esas hay muchas y son aves de paso, que conozco y respeto también: yo no sé qué haría si fuese un miñón como esos y me ofrecen treinta lucas y un auto por un polvo; yo seguro aceptaría que carajo total se lava y se vuelve a usar. Peor son las que hacen contratos para convivir durante un lapso corto y luego son mantenidas el resto de su vida.
Hace un tiempo me llamaron de parte de grandes empresarios de nuestro país, muy conocidos, tipos que están en el negocio de los autos, de la comida y también gente de la política, para pedirme algunas conexiones. Cuando vino el presidente de Filipinas, uno que ahora esta preso por enriquecimiento ilícito, sonó el teléfono en casa y me citaron en un famoso hotel, de mucho lujo, para reunirme con varios secretarios. ¡qué bueno!, les puedo vender de todo a las mujeres de la comitiva. No, nada que ver , no les interesaban las ropas sino quienes las lucían, les importaba el contenido , no el envoltorio.
Con cara de maña, onda Scarface, se me acerco un secretario y dijo: “sabemos que sos el diseñador que conoce las mujeres más lindas; no queremos hablar a las agencias, queremos a famosas, el señor las quiere y pagan lo que pidan”. Me reí nerviosamente: “que es lo que ofrecen concretamente?”. Pedí y lo tenes. Ay Dios yo haciéndome la Agatha Galiffi: “Ok, lo pienso y los llamo”. Claro que los tipos querían chicas que no tenían nada que ver con la prostitución y jamás me atrevería a llamarlas y ofrecerles semejante negocio, pero había dos o tres que estaban buenísimas, no eran de las tan tan top. Por una de ellas les pedí cien mil pesos, Me dijo que lo pensaría, me llamó al otro día y a mí ya se me había enfriado el tema, me ofreció la mitad y le dije que no, “búscatela vos man”.